Este magnífico cuadro de Tom Thomson es la última pintura añadida a la colección canadiense de The Winnipeg Art Gallery. La obra aborda un tema genuinamente canadiense, rindiendo homenaje a la belleza luminosa de los bosques al estrenar un nuevo manto de nieve. La nieve, retratada con amplias pinceladas en tonos malva, azul turquesa y verdes, resulta deslumbrante al combinarse con el efecto de pantalla que crean los árboles. El uso libre que hace Thomson del color y los motivos a fin de expresar su profundo sentir sobre el entorno nórdico que le rodeaba fue un ejemplo inspirador para generaciones futuras de artistas.
La obra de Tom Thomson fue esencial en la formación del Grupo de los Siete, un conjunto de pintores asentado en Toronto a principios del siglo XX. El Grupo se proponía crear un estilo canadiense único que reflejara una verdadera identidad nacional. En sus obras, el Grupo se inclinó por retratar principalmente la naturaleza salvaje, austera y agreste de Canadá, que consideraban reflejaba a la perfección al propio país, joven y abundante en recursos. Aunque utilizaron técnicas modernistas para comunicar el carácter austero de la tierra, el Grupo estaba plenamente convencido de que sus estilos se inspiraban directamente de la propia tierra y que no procedían de influencias europeas. En la actualidad, las obras del Grupo siguen constituyendo la muestra más fácilmente reconocible del arte canadiense, habiendo inspirado a generaciones de artistas a retratar la naturaleza salvaje del país. Se ha dicho que es prácticamente imposible para los canadienses ver el paisaje del Escudo Precambriano en forma diferente a la mirada del Grupo de los Siete, debido a la omnipresencia de la obra de Thomson y del Grupo.
Sin embargo, irónicamente, Tom Thomson nunca fue en realidad miembro del Grupo de los Siete. Thomson hizo descubrir a sus colegas la naturaleza salvaje que tanto amaba retratar, pero murió trágicamente tres años antes de que el Grupo expusiera sus obras de forma conjunta. Un cierto misterio sigue envolviendo hoy día las circunstancias de su muerte. Aproximadamente al mediodía del 8 de julio de 1917, Tom Thomson se puso en camino, como acostumbraba hacer a diario, con sus materiales para realizar bocetos, adentrándose con su canoa en un lago que conocía bien. Ese mismo día, hacia las tres de la tarde, su canoa apareció flotando en el lago, descubriéndose su cadáver varios días después.